lunes, 12 de noviembre de 2007

Cómo empezar...

Ayer once de noviembre fue mi cumpleaños. Por ese motivo decidí regalarme este blog donde vomitaré anonimamente todas las letras que no voy a decir a quien me conoce. Mi cobardía no es más que el resultado de tantos y tantos juicios que sobre mi han hecho aquellos a los que les he regalado trozos de mi vida, mismos que terminan deshechos en la basura.

Quizá fuese coincidencia que también fuera el día en que perdiera el último rastro de confianza en el género masculino al descubrir lo que verdaderamente piensa de mí aquél a quien le había confiado la vida entera.

En mi historia han existido ocho hombres, de quienes me he enamorado en mayor o menor medida, y todos sin excepción han hecho añicos mis ilusiones. La última estocada que estaba dispuesta a recibir me la ha dado aquél que me juró amor sincero durante cinco años, y supo mentir tan bien que la mayor parte del tiempo le creí. Por fortuna él mismo me dio las pistas para resolver su acertijo y hoy lo arranqué de mi alma de una vez y para siempre. El problema es que estaba tan pegado que no han quedado más que trozos y jirones. Lo más probable es que siga teniendo relaciones con él pues es quien me ha hecho sentir mujer en la cama, al parecer es el único aspecto donde en verdad fuimos pareja, y si él tiene el derecho de que sea su desahogo yo puedo ejercerlo también.

Creo que siempre me preguntaré por qué de mis ocho hombres, cinco sólo me han visto precisamente como el lugar donde pueden satisfacer su deseo. Si bien es cierto que actualmente me gusta jugar a la mujer seductora y atrevida, antes no era así. Durante años fui una chica inocente y tímida que se avergonzaba hasta de besar a su novio, no obstante me di cuenta de que algunos hombres que conocí se sentían atraídos por mi, pero no como la novia que yo quería ser sino como la mujer a la que querían cojerse. Fue así que a mis 17 años perdí la virginidad dejándome llevar por Sero un muchacho 1 año menor que yo de quien me enamoré. La experiencia en sí fue explosiva pero el desencanto vino después cuando él me dijo que me veía ¡sólo como a una hermana! Hasta donde sé a las hermanas no se las folla uno... Luego de él, algunos meses después, llegó Gokú con quien viví un extraño noviazgo hasta que él se atrevió a proponerme que tuviéramos sexo, y la estúpida de mi accedió por complacer al hombre. No tengo muchos recuerdos gratos de aquella época en el aspecto sexual, pues únicamente le importaba saciarse y yo pasaba a segundo término. Luego de un año de sexo egoísta para él y dos de noviazgo para mi terminó conmigo pues conoció a alguien más y yo ya no era novedad. Fue un golpe durísimo que mató gran parte de mi inocencia y la ternura que la mayoría de las mujeres tenemos. Sin darme cuenta me convertí en la persona que soy hoy, egoísta, altiva, orgullosa, soberbia y temerosa de enamorarse.

Justo en ese momento llegó a mi vida Fede (por feito), yo estaba muy vulnerable y con el autoestima por los suelos, pero entonces se presentó ante mí como un hombre menor de los años que en realidad tenía. La verdad es que no me gustaba ni un poquito y me parecía bastante raro, pero era muy listo y sabía cómo llegarle a una mujer para desarmarla. Con eso y el estado en que estaba en aquél momento, logró persuadirme de que fuera su novia. Me prometí que serían sólo un par de semanas y luego lo mandaba a volar, pues en ese momento no quería que siguiera insistiendo. Yo tenía entonces 19 años y dos historias frustradas, dos fracasos que se habían llevado la mayor parte de la confianza en las personas y en mi. Volviendo la vista atrás me doy cuenta de que lo que hizo que me quedara con él fue mi necesidad de aceptación y valoración, pues me sentía como una mujer incapaz de lograr que un hombre se enamorara de mí, y era precisamente eso lo que Fede me daba. Con sus acciones me demostraba estar enamorado de mi, y a pesar de que a mi ni siquiera me gustaba me quedé con él aún después de que me confesara que me había mentido respecto a su edad y a que tenía novia cuando empezamos nuestra relación. Así fueron sucediéndose años, mentiras, reclamos, engaños y desengaños; compartimos muchas cosas y yo le entregué, sin decírselo, la dignidad que me quedaba; pero parece que a él tampoco le importó y no se dio cuenta de que a pesar de todo, con el tiempo, lo quise. Sí, lo quise, y él sólo me dio mentiras disfrazadas de una doble moral que le daba pretextos para acusarme de mujer fácil, zorra, puta y demás linduras que se le ocurrían.

Hoy resulta que el señor tiene a dos mujeres: a mi para desahogarse en la cama por que le gusta cómo me muevo, y a la ingenua niña buena para estar acompañado cuando yo no estoy disponible. Y lo peor del caso es que insiste en que soy yo la que tiene una fila de amantes a los que atiende por turnos y es por eso que no quiero formalizar con él...

En fin, es por eso que éste blog servirá para vaciar todas esas frustraciones que me han causado los hombres de mi vida, y para poder gritar libremente que soy una mujer a la que llama puta por el ese simple hecho, ser mujer

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